LA ESTRELLA FEDERAL

La estrella federal, nacida en Méjico, recibe el nombre latino de Euphorbia pulcherrima (“la más bella”). Llegó a Europa en 1834, cuando fue descubierta en América, donde se convirtió en una planta para especialistas, ya que cuando se pretendía cultivarla en la atmósfera seca de las casas perdía sus hojas inmediatamente. Esto fue así hasta fines de 1950, en que un investigador norteamericano logró una variedad de alta resistencia al ambiente seco y que soportaba temperaturas muy inferiores a las de la especie original. Además, sucesivos cambios lograron una planta que podía florecer con muy escaso desarrollo. Es lo que hoy llamamos “estrella federal enana”, que tiene una gran aceptación como planta para interior con flores, especialmente en abril, cuando llega la Pascua.

Esta época es la floración natural de Euphorbia pulcherrima, que florece cuando los días comienzan a acoertarse. Para producir flores necesita disponer de 14 horas de oscuridad durante casi dos meses. Esta característica hace que sea bastante difícil hacerla florecer en su época natural y en condiciones normales para latitudes como las de Buenos Aires. De ahí que los cultivadores lo logren mediante “cultivo forzado”, que consiste en tapar las plantas de estrella federal, una vez que han alcanzado la altura adecuada, con láminas de polietileno negro, para que dispongan de ese total de horas de oscuridad. Así les dan, artificialmente, las condiciones que necesitan para dar flor. Con este forzado, pueden hacerse florecer artificialmente en varias épocas del año. Por eso podemos encontrar estrellas federales en el vivero en invierno y en verano. Este requerimiento de oscuridad es la razón por la cual, en casa, casi nunca vuelve a florecer una estrella federal que trajimos del vivero. Pero nosotros podemos hacer lo mismo que los cultivadores.

Los cuidados necesarios

La Euphorbia pulcherrima es una planta arbustiva de hoja caduca. Pierde sus hojas antes de perder las flores; flores que en realidad no son muy vistosas ya que son pequeñitas, tubulares. Lo atractivo son las brácteas, que rodean las flores verdaderas. También hay variedades con brácteas blancas e, incluso rosadas.

Las plantas pueden conservarse sin problemas año tras año, se conocen algunos cuidados básicos. Una vez que haya comenzado a perder sus hojas verdes y se comiencen a debilitar las brácteas, se debe podar la planta. Se coloca en un área sombreada del patio o jardín y se mantiene casi seca.

Una vez pasada la mitad de la primavera, deberá cambiarse de maceta, a una un poquito más grande, utilizando para ello una mezcla de arena y turba, en partes iguales.

Entonces, riegue abundantemente y póngala en un sitio con muchísima luz (no con sol directo). Brotarán varios tallitos nuevos, de los que convendrá dejar sólo cuatro o cinco, los más fuertes.

Cuando llegue febrero, comience a taparla con polietileno negro todas las tardes cuando sean las 20 horas y hasta el día siguiente, a las 10 de la mañana. Así tendrá aseguradas sus catorce horas de noche. Haga esto durante ocho semanas (esta es la parte tediosa del cultivo) y logrará que desarrollen los brotes florales.

Una vez acontecido esto, vuélvala a su rincón luminoso y trate de que la temperatura no descienda por debajo de los 15°C.

Como últimos datos: las corrientes de aire frío o los cambios bruscos de temperatura harán que se caigan las hojas, al igual que un ambiente oscuro.

Si las hojas se marchitan, puede deberse tanto a un exceso de agua como a la falta de ella. Ud. sabrá cual de los dos es el problema. Si es un exceso, no la riegue por un tiempo y permita que se seque bien la superficie de la tierra antes de volver a regar.

Cuando las hojas se ponen amarillas y después marrones es porque el ambiente es demasiado seco para la Euphorbia. Si no dispone de un ambiente más húmedo donde ponerla a vivir, pulverice las hojas diariamente con agua clara y limpia.

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